Filón de Luz y Duende
- 2024
- PROYECTO HORADOS
- La Unión
El proceso
tiempos de creación





Académico
Gonzalo Wandosell Fernández de Bobadilla
En las entrañas de nuestra sierra, donde el peligro baila escondido en la oscuridad y el misterio, siempre han yacido en antiguas quiebras los apre ciados y deseados filones: la puerta secreta a una nueva y mejor vida.
Cada ancestral golpe de pico, cada suspiro, cada intento desesperado del minero por arrancar su luminiscente luz ha hecho latir el reloj del duende, ese Señor indomable; ese guardián celoso de la historia antigua, joven y vieja de La Unión, que aplastando las profundidades ha arrastrado por su rambla y transmutado, casi al azar, las vidas de cientos de niños y obreros. Esos quejíos de dolor y pasión, protagonistas absolutos en el susurro de la mina, han quedado impregnados en el filón de luz que emana del cante jondo minero, y son reflejo de la resistencia del hombre frente a la adversidad. Los cantaores dibujan el trabajo duro y peligroso de las minas en el lienzo del flamenco con una voz emanada desde las profundidades, y nos enfrentan con nuestra frágil humanidad.
En el baile de la luz y la sombra, en el choque del pico y la guitarra, la mina y el cante se entretejen con un hilo invisible pero poderoso, creando un mundo terroso donde el duende encuentra cobijo y liberación, eleva el alma de los mineros y de los cantaores, y secuestra la de sus testigos.
Lidó Rico trasciende la exploración profunda de la identidad física de nuestros trabajadores de las minas para dibujarnos un espejo invisible de trauma y memoria en el que descubrimos con incredulidad el nuevo reflejo de nuestro cuerpo y nuestra piel, convertidos en paisajes emocionales de las tensiones internas y eternas de la condición humana.
Utilizando su cabeza y sus manos atrapadas y fundidas con resina o vidrio, como gubias de una autopsia emocional, este genial artista saca a la luz, a través de figuras fragmentadas y distorsionadas en constante lucha con sigo mismas, la fragilidad de la vida de los mineros atrapados en una realidad sólida y devastadora que los desbordaba, en un baile infinito entre lo humano, lo inevitable y lo inerte.
El eco infinito de su obra lucha por evitar el olvido de la memoria de aquellos antepasados que forjaron la identidad minera de La Unión, única e insondable, a través de su desgaste emocional, de su trabajo infrahumano y de las cicatrices invisibles de sus almas, consiguiendo transformar el arte de su sensibilidad personal en un conector universal, y en un potente alta voz colectivo de la fragilidad humana.
«La Unión: filón de luz y duende» no deja indemne al visitante, congelándolo poéticamente en el tiempo, invitándolo a reflexionar profundamente sobre los límites tolerables de la fría tecnología y el progreso, sobre lo natural y lo artificial, y convirtiéndolo en testigo mudo de lo que está por venir: una humanidad disuelta entre lo biológico y lo tecnológico.
Sin embargo, en este conmovedor viaje a la voz silenciosa de la esencia más íntima y vulnerable de La Unión, Lidó Rico nos muestra, con una plasticidad exquisita, que el cuerpo humano es un campo de batalla perenne donde el dolor y la esperanza coexisten y danzan a perpetuidad.
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